Hace unos días comencé a leer El retrato de Dorian Gray (para los más curiosos, un cotilleo: la película que estoy escribiendo en el máster tiene que ver con esta novela). La novela me está encantando, pero creo que lo mejor de haber abierto sus tapas es haber leído su prefacio, un conjunto de frases escritas por Wilde sobre el arte:
El artista es el creador de cosas bellas.
Revelar el arte y ocultar al artista es el fin del arte.
El crítico es el que puede traducir de otra manera o en un nuevo material su impresión sobre las cosas bellas.
Los que encuentran feas significaciones en las cosas hermosas están corrompidos sin ser encantadores, lo cual es un defecto.
Los que encuentran bellas intenciones en las cosas bellas son los cultos. A ellos les queda esperanza.
Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza.
Un libro no es nunca moral o inmoral. Está bien o mal escrito. Eso es todo.
Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son para el artista instrumentos de un arte.
Vicio y virtud son para el artista materiales de un arte.
Todo arte es a la vez superficie y símbolo.
Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte.
Todo arte es completamente inútil.
sábado 21 de noviembre de 2009
Oscar Wilde es un tío que sabía lo que se hacía
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Bea
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domingo 15 de noviembre de 2009
Zamora, ¡qué maravilla!
Llevaba más de un mes sin un sólo día de descanso. Vamos, que desde que empecé el máster todos y cada uno de los días del mes de octubre y lo que llevamos de noviembre había tenido alguna preocupación y ya comenzaba a notarme nerviosa con tanto queresere, así que cuando mis padres me dijeron que un día les apetecía salir a comer a algún pueblo, a mí me faltó tiempo para organizar una bonita excursión de un día en la naturaleza.
Me gusta mucho salir al campo de vez en cuando, porque, además de que me gusta pasear, respirar aire fresco, así también conozco el entorno que me rodea y aprendo cosas nuevas. Antes, solía hacer senderismo con un grupo todos los domingos, pero ahora, con tanto queresere, como os he dicho antes, he tenido que prescindir de las excursioncitas, y la verdad es que ya el cuerpo me pedía un día de campo.
Total, que organicé una ruta de las que a mí me gustan: con su ratito en el campo y su ratito comiendo. Os la contaré, porque así, además de hacer renacer mi blog y practicar la escritura, a lo mejor os animo a repetirla.
Salimos de Zamora a eso de las 11 de la mañana (tampoco vamos a madrugar mucho, que era mi día de descanso) eso sí, después de un buen desayuno de cafetería, con su zumo, sus tostadas de pan como Dios manda, mermeladas, churros y demás. Había que coger fuerzas. Pues eso, que salimos de Zamora por la carretera de la Hiniesta pa'llá. Aunque esta no era la manera más rápida de llegar a nuestro destino, Grisuela, un pequeñísimo pueblo de Zamora donde se come que da gloria (más adelante os cuento), decidí coger ese camino para poder ir viendo los pueblos tan pequeñicos y tan bonicos y, como dice mi madre, llenos de encanto, que hay en las comarcas de Alba y Aliste de Zamora. Bueno, eso y que esa carretera pasa por Carbajales, el pueblo con el mejor pan de España, o, al menos, el mejor pan que yo he probado. En Carbajales, en una panadería muy en concreto, se compra un pan y unas madalenas caseras que quitan el sentido. Así que la primera parada estaba clara. Aprovechamos también para tomar un cafecillo porque mi madre tenía pis, pero como el café tampoco fue delicioso y no recuerdo el nombre del bar, no daré detalles. Lo que sí detallaré es que queríamos entrar en la iglesia del pueblo porque era así como muy bonita por fuera, pero la gente estaba en misa (los oíamos) y las puertas cerradas... ¡no podíamos entrar! Lo cual a mí me dio a entender que a los pobres fieles los encierran en la iglesia para que no puedan huir mientras el cura da el sermón. Pues nada, sin ver la iglesia nos quedamos, pero cargados de pan y madalenas seguimos el camino.
Un poco más adelante, ya en plena sierra de la culebra, paramos para dar el paseito mañanero, porque a mí la sierra de la culebra me encanta, es un paisaje precioso, y además hay muchos animalillos sueltos, y a veces hemos tenido la suerte de ver alguna mamá ciervo con sus bambis y todo, aunque esta vez no tuvimos tanta suerte. Como hacía mucho viento, el paseo no fue muy largo, aunque sí productivo porque encontramos un corrillo de níscalos que también cogimos y guardamos junto al pan y las madalenas para traer a casa. Seguimos nuestro camino por una carretera de mala muerte que iba pasando por un montón de pueblos de nombres desconocidos para mí pero tan bonitos... Y fue entonces, cuando, viendo algunas casas nuevas en esos pueblos, tan grandes, majestuosas y apetecibles, rodeadas de esos paisajes tan maravillosos y cercanas a pueblos donde se compraba tan buen pan o se comía tan bien, se me pasó por la cabeza la idea de que Zamora molaba un montón. La gente que vive en esos pueblos, sin las preocupaciones de la ciudad y de la vida moderna, disfrutando de vida en estado puro, es una privilegiada. Ojalá sea guionista de esos que se permiten un año sabático para escribir un nuevo guión y poder pasarlo en un lugar como aquel: cantar de los pájaros, airecillo de la sierra, sonido del regato... y pan, mucho pan de Carbajales.
Ya nos faltaba poco para llegar a Grisuela y además ya se acercaba la hora de comer. Al llegar al pueblo nos perdimos un poco, porque es un pueblo pueblo de estos que no tienen ni señales ni indicadores, con lo que tuvimos que preguntar a un paisano, que eso es una cosa que a mí me encanta, porque la gente de Zamora es tan la hostia que encima hablan que da gloria escucharles, porque depende de en qué comarca estés, hablan de una manera u otra, aunque mis favoritos, sin duda, son los sayagueses, y el paisano nos dijo donde estaban los dos restaurantes del pueblo: uno enfrente del otro. Dos restaurantes en un pueblo que no tiene ni panadería. ¿Por qué? Porque se come de puta madre. No sabíamos por cual decidirnos, aunque nos habían dicho que en ambos se comía igual de bien, y al final decidimos entrar al restaurante Grisuela. Tenían razón, se comía de puta madre. Pero es que no sólo se come bien, pero bien de decir: ¡qué bien hemos comido! sino que además se come en cantidad y muy barato. Para que os hagáis una idea, cinco personas (a la excursión se unieron, a medio camino, dos amigos de mis padres que son muy afortunados y tienen una casa por uno de esos pueblos, pero no he hablado de ellos porque, como no son comida no son importantes) comimos hasta reventar (cinco primeros, ensalada, cinco segundos), con postre (tarta casera rica rica) café y chupito por, exactamente, 90 euros. Y lo peor/mejor de todo fue el hecho de comprobar que por aquellas zonas la gente debe de mirar mucho la pela porque el camarero se pensaba que habíamos leído mal la cuenta al haberle dejado 92 euros. Vamos, que no se daba cuenta de que esos dos euros era la propina... Pero bueno, eso tampoco es importante para recalcar que la comida estaba buenísima. ¡Viva la ternera de Aliste! Y aunque habíamos planeado otro paseillo corto antes de volver, el hecho de que empezara a llover nos dio la excusa perfecta para volver con las barrigas llenísimas a la ciudad. Que por cierto, para volver, volvimos por la N122 que te trae directamente a la entrada de Zamora por la que puedes disfrutar y entrar "de bruces" por una de las estampas más significativas de mi ciudad: los campos del castillo con el escudo de la ciudad esculpido entre los matorrales, con el castillo detrás y la torre del reloj de la catedral alzándose al fondo.
Y esta es mi reflexión de hoy: ¡qué bien vivimos los zamoranos! tenemos todo lo que queremos y conservamos ese espíritu tan artesanal y tan casero porque, afortunadamente, nos han dejado de la mano de Dios. Si queires montaña, toma, montaña. Si eres más de pesca, tienes embalses y lagos. Si quieres naturaleza, te aburres de lo natural, si quieres comer, comes con cojones, si quieres playa te vas a sanabria, si quieres frío, lo tienes, si quieres calor, te quedas en verano, si quieres vino, pues el de Toro debe de ser la hostia, si quieres dulces... ¡menudos dulces! Eso sí, si queires teatro y cine, que eso es lo que me gusta a mí, tienes poco, las cosas como son, pero bueno... ¡nadie es perfecto!
Me gusta mucho salir al campo de vez en cuando, porque, además de que me gusta pasear, respirar aire fresco, así también conozco el entorno que me rodea y aprendo cosas nuevas. Antes, solía hacer senderismo con un grupo todos los domingos, pero ahora, con tanto queresere, como os he dicho antes, he tenido que prescindir de las excursioncitas, y la verdad es que ya el cuerpo me pedía un día de campo.
Total, que organicé una ruta de las que a mí me gustan: con su ratito en el campo y su ratito comiendo. Os la contaré, porque así, además de hacer renacer mi blog y practicar la escritura, a lo mejor os animo a repetirla.
Salimos de Zamora a eso de las 11 de la mañana (tampoco vamos a madrugar mucho, que era mi día de descanso) eso sí, después de un buen desayuno de cafetería, con su zumo, sus tostadas de pan como Dios manda, mermeladas, churros y demás. Había que coger fuerzas. Pues eso, que salimos de Zamora por la carretera de la Hiniesta pa'llá. Aunque esta no era la manera más rápida de llegar a nuestro destino, Grisuela, un pequeñísimo pueblo de Zamora donde se come que da gloria (más adelante os cuento), decidí coger ese camino para poder ir viendo los pueblos tan pequeñicos y tan bonicos y, como dice mi madre, llenos de encanto, que hay en las comarcas de Alba y Aliste de Zamora. Bueno, eso y que esa carretera pasa por Carbajales, el pueblo con el mejor pan de España, o, al menos, el mejor pan que yo he probado. En Carbajales, en una panadería muy en concreto, se compra un pan y unas madalenas caseras que quitan el sentido. Así que la primera parada estaba clara. Aprovechamos también para tomar un cafecillo porque mi madre tenía pis, pero como el café tampoco fue delicioso y no recuerdo el nombre del bar, no daré detalles. Lo que sí detallaré es que queríamos entrar en la iglesia del pueblo porque era así como muy bonita por fuera, pero la gente estaba en misa (los oíamos) y las puertas cerradas... ¡no podíamos entrar! Lo cual a mí me dio a entender que a los pobres fieles los encierran en la iglesia para que no puedan huir mientras el cura da el sermón. Pues nada, sin ver la iglesia nos quedamos, pero cargados de pan y madalenas seguimos el camino.
Un poco más adelante, ya en plena sierra de la culebra, paramos para dar el paseito mañanero, porque a mí la sierra de la culebra me encanta, es un paisaje precioso, y además hay muchos animalillos sueltos, y a veces hemos tenido la suerte de ver alguna mamá ciervo con sus bambis y todo, aunque esta vez no tuvimos tanta suerte. Como hacía mucho viento, el paseo no fue muy largo, aunque sí productivo porque encontramos un corrillo de níscalos que también cogimos y guardamos junto al pan y las madalenas para traer a casa. Seguimos nuestro camino por una carretera de mala muerte que iba pasando por un montón de pueblos de nombres desconocidos para mí pero tan bonitos... Y fue entonces, cuando, viendo algunas casas nuevas en esos pueblos, tan grandes, majestuosas y apetecibles, rodeadas de esos paisajes tan maravillosos y cercanas a pueblos donde se compraba tan buen pan o se comía tan bien, se me pasó por la cabeza la idea de que Zamora molaba un montón. La gente que vive en esos pueblos, sin las preocupaciones de la ciudad y de la vida moderna, disfrutando de vida en estado puro, es una privilegiada. Ojalá sea guionista de esos que se permiten un año sabático para escribir un nuevo guión y poder pasarlo en un lugar como aquel: cantar de los pájaros, airecillo de la sierra, sonido del regato... y pan, mucho pan de Carbajales.
Ya nos faltaba poco para llegar a Grisuela y además ya se acercaba la hora de comer. Al llegar al pueblo nos perdimos un poco, porque es un pueblo pueblo de estos que no tienen ni señales ni indicadores, con lo que tuvimos que preguntar a un paisano, que eso es una cosa que a mí me encanta, porque la gente de Zamora es tan la hostia que encima hablan que da gloria escucharles, porque depende de en qué comarca estés, hablan de una manera u otra, aunque mis favoritos, sin duda, son los sayagueses, y el paisano nos dijo donde estaban los dos restaurantes del pueblo: uno enfrente del otro. Dos restaurantes en un pueblo que no tiene ni panadería. ¿Por qué? Porque se come de puta madre. No sabíamos por cual decidirnos, aunque nos habían dicho que en ambos se comía igual de bien, y al final decidimos entrar al restaurante Grisuela. Tenían razón, se comía de puta madre. Pero es que no sólo se come bien, pero bien de decir: ¡qué bien hemos comido! sino que además se come en cantidad y muy barato. Para que os hagáis una idea, cinco personas (a la excursión se unieron, a medio camino, dos amigos de mis padres que son muy afortunados y tienen una casa por uno de esos pueblos, pero no he hablado de ellos porque, como no son comida no son importantes) comimos hasta reventar (cinco primeros, ensalada, cinco segundos), con postre (tarta casera rica rica) café y chupito por, exactamente, 90 euros. Y lo peor/mejor de todo fue el hecho de comprobar que por aquellas zonas la gente debe de mirar mucho la pela porque el camarero se pensaba que habíamos leído mal la cuenta al haberle dejado 92 euros. Vamos, que no se daba cuenta de que esos dos euros era la propina... Pero bueno, eso tampoco es importante para recalcar que la comida estaba buenísima. ¡Viva la ternera de Aliste! Y aunque habíamos planeado otro paseillo corto antes de volver, el hecho de que empezara a llover nos dio la excusa perfecta para volver con las barrigas llenísimas a la ciudad. Que por cierto, para volver, volvimos por la N122 que te trae directamente a la entrada de Zamora por la que puedes disfrutar y entrar "de bruces" por una de las estampas más significativas de mi ciudad: los campos del castillo con el escudo de la ciudad esculpido entre los matorrales, con el castillo detrás y la torre del reloj de la catedral alzándose al fondo.
Y esta es mi reflexión de hoy: ¡qué bien vivimos los zamoranos! tenemos todo lo que queremos y conservamos ese espíritu tan artesanal y tan casero porque, afortunadamente, nos han dejado de la mano de Dios. Si queires montaña, toma, montaña. Si eres más de pesca, tienes embalses y lagos. Si quieres naturaleza, te aburres de lo natural, si quieres comer, comes con cojones, si quieres playa te vas a sanabria, si quieres frío, lo tienes, si quieres calor, te quedas en verano, si quieres vino, pues el de Toro debe de ser la hostia, si quieres dulces... ¡menudos dulces! Eso sí, si queires teatro y cine, que eso es lo que me gusta a mí, tienes poco, las cosas como son, pero bueno... ¡nadie es perfecto!
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Zamora mola
miércoles 11 de noviembre de 2009
Abandonos y sacrificios
Aunque ya sabía yo que un máster no era la vidorra del estudiante, nunca me habría imaginado yo con tantos quereseres como los que tengo. Bueno, voy a ser sincera. Trabajos nos mandan unos pocos, sí, la verdad, pero yo intento completar mi "formación" con todo lo que pueda, así que en cuanto tengo una hora libre procuro ver una película que nos han recomendado o un par de capítulos de las series con las que trabajaremos en el próximo módulo. No obstante, no me puedo quejar. Todo lo contrario, me alegro de hacer lo que me gusta.
Pero el estar tan ocupada, y el tener, sin exagerar, nada más que media o una hora libre al día, ha hecho que se reafirmen cuáles son mis vicios y cuáles las aficiones que puedo dejar de lado. Así, he tenido que abandonar tres cosas (cibernéticas todas, yo no tengo más vicio que el interné, puesto que ahora ver películas y series son más bien deberes). En primer lugar, he abandonado este blog. Lo tengo que reconocer. No puedo presumir de que aquí escribiera grandes ensayos que pasarán a la historia de la literatura española, pero a veces me apetecía escribir sobre cosas, aunque fueran chorradas. Ahora ya no me queda mucho tiempo ni para pensar en qué escribir y para poner mis ideas por escrito (a no ser que sean para el guión que escribo o para algunos de los trabajos de clase). Por otro lado, la gran sacrificada, mi mascota del facebook... no puedo perder tiempo con ella. Yo lo sé y ella lo sabe. Pero aún así a veces entro a darle una manzanita... Y por último, un foro muy divertido sobre cine, el foro de la página de cinecutre, que también ha tenido que ser abandonado por quitarme mucho tiempo leyendo posts y demás. Una pena, pero bueno, espero que estos pequeños sacrificios se vean recompensados.
En definitiva, lo que quiero decir con todo esto es que mi blog se va a tomar un descanso, no muy merecido, pero inevitable, y que espero estar de vuelta pronto. No lloréis, porque volveré.
Pero el estar tan ocupada, y el tener, sin exagerar, nada más que media o una hora libre al día, ha hecho que se reafirmen cuáles son mis vicios y cuáles las aficiones que puedo dejar de lado. Así, he tenido que abandonar tres cosas (cibernéticas todas, yo no tengo más vicio que el interné, puesto que ahora ver películas y series son más bien deberes). En primer lugar, he abandonado este blog. Lo tengo que reconocer. No puedo presumir de que aquí escribiera grandes ensayos que pasarán a la historia de la literatura española, pero a veces me apetecía escribir sobre cosas, aunque fueran chorradas. Ahora ya no me queda mucho tiempo ni para pensar en qué escribir y para poner mis ideas por escrito (a no ser que sean para el guión que escribo o para algunos de los trabajos de clase). Por otro lado, la gran sacrificada, mi mascota del facebook... no puedo perder tiempo con ella. Yo lo sé y ella lo sabe. Pero aún así a veces entro a darle una manzanita... Y por último, un foro muy divertido sobre cine, el foro de la página de cinecutre, que también ha tenido que ser abandonado por quitarme mucho tiempo leyendo posts y demás. Una pena, pero bueno, espero que estos pequeños sacrificios se vean recompensados.
En definitiva, lo que quiero decir con todo esto es que mi blog se va a tomar un descanso, no muy merecido, pero inevitable, y que espero estar de vuelta pronto. No lloréis, porque volveré.
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