Sé que he tenido un mal día cuando lo he terminado con mis brazos alrededor de la almohada, si al final del día lo único a lo que me puedo agarrar es a mi fiel compañera de sueños.
La pobre almohada tiene que estar cansada de consolarme, de sentir los fuertes golpes que da mi corazón, fruto de su impotencia; de empaparse de lágrimas que llegan a la vez que llegas tú, en medio de la noche, cuando mi cabeza ya está cansada de repetirme que no y cede el paso a las ensoñaciones.
La almohada se convierte en tu pecho y empieza a moverse al ritmo de tu respiración. Puedo sentir tu aliento cálido sobre mi cabeza pero en vez de alzar mi mirada en busca de tus labios cierro los ojos para no tener que ver que no estás. Y al cerrar los ojos apareces, y sonriendo, me acaricias, me desnudas y me abrazas hasta que me quedo dormida.
A la mañana siguiente me despierto y la almohada está en su sitio, alargada, bajo mi cabeza, y ha perdido cualquier signo de forma humana.
2 chorradas como pianos:
Qué triste y bonito a la vez Bea! Hacía mucho tiempo que no te leía ningún texto así y se echaba en falta, la verdad :)
Estoy sensiblera este fin de semana :P
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