jueves 26 de enero de 2012

Zamora la bien gobernada

Zamora es una ciudad muy chiquitica fundada hace un porrón de años por señores de estos que se tapaban con pieles y cazaban.... digo yo que ciervos y jabalíes que es lo que hay por aquí. Las peripecias históricas han  hecho que hoy en día esté muy próxima a la frontera de Portugal, y que pertenezca a la Comunidad Autónoma de Castilla y León, una de las más pobres y peor gestionadas de España.

Aquí nací, aquí crecí y aquí sigo, y aunque en mis planes inmediatos está encontrar trabajo sea donde sea y esa idea puede alejarme (y mucho) de Zamora, nunca se me ha olvidado de donde vengo, y siempre he vuelto aquí con ganas, porque en el fondo, y por mucho que quiera evitarlo, Zamora es mi tierra, y me tira.

Lo que más me gusta de Zamora es el vacío temporal en el que está inmersa. Aquí las preocupaciones y la forma de vida son otras. Aquí, en un mismo día, se pueden desayunar unos deliciosos churros en el Malú, se puede ir a comprar alimentos frescos y de excelente calidad al mercado de Abastos, se puede ir a hacer todo el papeleo pendiente que tengas, tomar una caña mientras lees el periódico, comer y echar la siesta, dar un paseo hasta la Catedral, ir con los nietos al bosque de Valorio, cenar unos pinchos morunos en Los Lobos y volver a casa relajao, relajao, relajao.

Pero sin duda alguna, lo que más me gusta de Zamora es su parte más histórica. Últimamente me gusta mucho bajar desde La plaza de La Marina (donde yo vivo) hasta la Plaza de la Catedral, que es prácticamente un paseo en línea recta. A medida que vas descendiendo por las calles de Zamora te vas dando cuenta de cómo el reloj corre hacia atrás, como pasas del siglo XX de los primeros edificios de Santa Clara al siglo XIX de la plaza de Zorrilla y Sagasta, con sus construcciones modernistas; y en el momento que cruzas la Plaza Mayor te metes de lleno en el Renacimiento de la Plaza de Viriato y ya cuando cruzas la Madalena estás en el siglo XIII para terminar, por fin, en la Rúa de los Notarios, donde las calles se estrechan y las casas son bajas y toscas. Y de repente, la Catedral de Zamora, sola, imponente, en medio de una enorme plaza tenuemente iluminada, se alza para darnos la bienvenida a la más profunda Edad Media, invitándonos a pasar, ni más ni menos, que al Castillo de Doña Urraca.

Los zamoranos tenemos una personalidad muy especial, y una de sus características más definitorias es el no valorar lo que poseemos, restando importancia a los logros "de casa" para emocionarnos con lo que nos viene de fuera. Así quizá "perdimos" a Leopoldo Alas o a Ángel Nieto, y así estamos perdiendo también, poco a poco, nuestra identidad.

Tengo la costumbre de leer el periódico La Opinión de Zamora todas las mañanas, incluso cuando no vivía aquí, porque nunca ha dejado de interesarme lo que ocurre en mi ciudad. Si ayer podía leer la noticia de que la sociedad de Turismo se disolvía "por la crisis", hoy me ha sorprendido más la noticia de que El Museo de Semana Santa cierra temporalmente "por la crisis".

Es verdad que me dan donde me duelen, porque a poco que me conozcáis sabréis que yo soy una gran semanasantera, pero no me cabe en la cabeza cómo los que mandan en Zamora pueden dejar de lado la única fuente de ingresos zamorana. Moleste o no, parezca bien o mal, el dinero a Zamora solo llega gracias al turismo, puesto que aquí carecemos de industria, y además, en los últimos años, han cerrado un montón de empresas más. Lo bueno es que Zamora siempre ha estado en crisis, nunca ha habido dinero para ella y aún así se han ido haciendo, poquito a poco, algunas cosas. Lo malo es que ahora que tenemos crisis al cuadrado y que las deudas y los impagos se acumulan, la única solución que han logrado encontrar nuestros gobernantes haya sido cerrar una sociedad que, aunque es verdad que gastaba, se había creado para promocionar Zamora y atraer turismo y actividades que acerquen a gente de todo el mundo a Zamora, y retirar subvenciones a la única actividad que consigue que, durante una semana, Zamora triplique su población.

Decía mi querido Miguel de Unamuno: "¡Me duele España! Soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo". Y yo, un siglo después, voy a decir prácticamente lo mismo: Me duele Zamora. Soy zamorana, zamorana de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; zamorana sobre todo y ante todo. Y me duele ver cómo un grupo de personas, algunas de las cuales no son capaces de comprender qué es Zamora y qué siente un zamorano, están utilizando a mi ciudad para sacar provecho, sin importarles todo lo que se esconde dentro, hundiéndonos todavía más en un pozo que ya era lo suficientemente hondo, del que cada vez se nos hace más difícil salir. Pero bueno, al menos, siempre nos quedarán Los Lobos.

2 chorradas como pianos:

Josu Sein dijo...

A mí después de lo que me contó una amiga que estuvo casada con un zamorano y pasó allí la luna de hiel, como que no me dan muchas ganas de ir. :D
Pero si es para verte a ti sí, entonces la cosa cambia.

Bea Cepeda dijo...

Claro que sí!!!!! ;)